Una nova col·laboració de la sèrie "Enumeración..." que ens dona a conèixer la complexitat de la flora i fauna subterrània. Com en altres entrades, s'ha mantingut la llengua original de l'article.
Una cavidad del Alto Tajo
(Guadalajara): la vida microscópica en la oscuridad absoluta
Hoy hemos estado en una de esas
cavidades que no te dejan indiferente. En ella, durante varios meses
consecutivos al año, encuentran refugio colonias temporales de varias especies
de murciélagos. Son mamíferos voladores ¡únicos! responsables del control de
numerosas plagas de insectos que afectan tanto a nuestra salud como a las
plantas cultivadas. Sin embargo, el abuso de los insecticidas o la destrucción
o invasión de sus refugios de cría o descanso están acabando con ellos.
En esta visita a una cueva del Alto
Tajo volvemos a encontrarnos con su amplia colonia de murciélagos. Ya sabíamos
de su existencia, por nuestra incursión a la cavidad en febrero de este mismo
año, pero creíamos que ya no se encontraba allí. De modo que hicimos “Media
vuelta ¡ar! Un, dos, un, dos”. Como espeleólogos sabemos que nunca, por
ningún motivo, debemos atravesar las salas o galerías repletas de murciélagos,
si nuestra presencia es motivo de trastorno para estas delicadas criaturas de
la noche.
Miembros
del grupo de espeleólogos y biólogos del Sistema ibérico que visitamos la
cueva, de izquierda a derecha: Pacho, Maika, Merche, Alberto, Anatolio, Elena,
Santi, Pati y Nacho. Fotografía de Anatolio Tormos.
Pues bien,
aunque no hemos podido visitar toda la cavidad si nos ha dado tiempo de ver
algunos invertebrados que utilizan habitualmente las cuevas. Hemos contemplado
y olfateado el guano de los murciélagos, aunque no con gusto. Su olor es
nauseabundo, al ser una mezcla de orina y compuestos nitrogenados de las heces.
Pero es un delicioso manjar para millones de larvas y adultos de dípteros,
lepidópteros y coleópteros, así como para infinidad de gusanos nematodos,
ácaros o colémbolos. No obstante, éste no es el único alimento que dispone la
fauna de las cuevas, os hablaremos de otros nutrientes extra que también se
hallan en las cavidades, para hacerlo volvamos al momento que nos dimos la
vuelta.
Cuando
regresábamos, Pacho le dejó a Maika su linterna de ultravioleta y ¡bum! ¡menudo
descubrimiento ante nuestros incrédulos ojos! Lo primero que nos llamó la
atención fue un cadáver de murciélago. Los huesos resplandecían a la luz del
UV, algo “extraordinario”. Nuestra amiga Virginia nos aclaró por wasap que la
luz UV se utiliza en excavaciones paleontológicas ya que resalta la presencia
de los restos óseos. Pero los pobres restos nos depararon otra sorpresa ¿Sabías
que, en el oído interno de los murciélagos, la estructura llamada caracol o
cóclea es enorme? Tanto que parece un verdadero molusco del grupo de los
gasterópodos o caracoles. El interior de estas cócleas está tapizado por células
con cilios sensibles a los sonidos −ondas
mecánicas que viajan en el aire.
En los murciélagos los cilios son tan numerosos que pueden percibir el sonido
que ellos mismos emiten. Este conjunto de cilios al vibrar por las ondas
transmite una respuesta eléctrica al cerebro, a lo largo de células nerviosas.
Se forma así una imagen detallada de las distancias y obstáculos, permitiendo
así el vuelo de estos increíbles mamíferos.
A la izquierda video de un murciélago, iluminado con
linterna UV, a la derecha el mismo murciélago iluminado con lámparas de led;
posiblemente se trata del murciélago grande de herradura, Rhinolophus ferrumequinum.
Video y fotografías de Pacho.
Video: https://photos.app.goo.gl/zCnn7g1jRT6UPx3D6
Seguidamente volvimos a lanzar la luz UV sobre las paredes y techos de la cavidad donde aparecían tapices coloreados. El UV los destacaba, los hacía más visibles. Descubrimos colores amarillentos y grisáceos en las superficies ora arcillosas, ora estalagmíticas, donde su resplandor cromático nos impactaba. La razón se encuentra en los diversos pigmentos −rojos, amarillos o grises− contenidos en un tipo especial de bacterias, los Actinomycetota antes incluidas entre los hongos por la forma filamentosa de sus células que se asemejan a los “micelios” típicos de los mohos. Estos filamentos celulares dibujan estructuras radiales o estrelladas bien coloreadas y por tanto visibles a nuestro ojo. Los actinomicetos gustan de vivir a sus anchas en ambientes subterráneos pobres en nutrientes, cualquier resto de materia orgánica difícil de degradar por otros organismos puede ser su alimento. En un ambiente empobrecido como en las cavidades su presencia es habitual. Aunque no sólo viven en cavidades, el suelo del exterior es su hábitat más conocido, entre otras razones por suponer muchos de estas Actynomycetota candidatas ideales como fábricas de antibióticos, imprescindibles para la salud humana.
Los Actinomycetota destacan de las superficies arcillosas o
estalagmíticas donde prosperan gracias a cualquier tipo de materia orgánica y
donde prosperan otros microorganismos entre los que abundan los eucariotas como
hongos y protistas. Video de Anatolio Tormos.
Video: https://photos.app.goo.gl/r2wrrg5QyD6mVVon6
Junto a estos actinomicetos viven otras clases de bacterias y arqueas (éstas son similares solo en apariencia, algún día os hablaremos de ellas) y los más conspicuos, visibles, y en ocasiones extensos hongos filamentosos o mohos. Todos los hongos se nutren exclusivamente de materia orgánica procedente de otros organismos, aunque son algo más selectos que los actinomicetos, y cuentan con digestión extracelular vertiendo los enzimas descomponedores al exterior. En la cueva los vemos por todas partes consumiendo las deyecciones de los murciélagos, formando redes enormes de filamentos (hifas) que pueden cubrir desde un diminuto excremento a una pila completa de estos. Pero, los hongos no sólo se alimentan de la materia orgánica muerta también aprovechan de los animales de las cuevas, como el que pudimos fotografiar.
Hongos filamentosos (mohos) sobre unos pocos excrementos
(parte oscura) de algún murciélago (guano), al final de los filamentos
(micelios) más erguidos se dibuja una diminuta bolita, en ella se hallan las
esporas de los hongos. Fotografía Anatolio Tormos.
Es muy frecuente observar el florecimiento de ramos de hifas
de hongos del interior del cadáver de un insecto, en este caso de un pequeño díptero. Fotografía
Nacho Velasco y Elena Prima.
En este
devenir de quien devora más materia orgánica en una cavidad como la que estamos
visitando faltan un buen puñado de actores a escena. Pero, no nos alarguemos
mucho, y ciñámonos a lo que vimos. Pastoreando la superficie repleta de
microbiota, aquí y allá encontramos como en el guano, un buen número de
minúsculos colémbolos, caracterizados por su apéndice caudal que le permite dar
enormes saltos; un gran número de diminutos ácaros y, no menos frecuentes,
pequeños coleópteros estafilínidos con sus recortados élitros como si lucieran
una chaqueta de frac. Todos ellos junto a una plétora de larvas o gusanos
nematodos forman parte de esta red trófica o de transferencia de nutrientes que
sutilmente estamos intentando relatar. Para completarla, faltan los
depredadores de esta fauna que pastorea los microorganismos. Vemos, coleópteros
estafilínidos de cierto tamaño, pero también carábidos de la especie Laemostenus terricola
que con sus casi dos centímetros y armado de evidentes mandíbulas en su cabeza
prognata (desplazada hacia delante), representa la cúspide de esta cadena
alimentaria de los invertebrados cavernícolas.
Toda esta fauna no es exclusiva de las cuevas, pero forma parte indispensable
en el singular ecosistema subterráneo de muchas cavidades ibéricas.
En la cúspide de la cadena trófica de invertebrados el
coleóptero carábido Laemostenus terrícola, bien conocido en los
ambientes subterráneos de buena parte del territorio europeo. Fotografía
Anatolio Tormos.
Este relato de lo que vimos en nuestra visita a la cavidad del Alto Tajo acaba aquí, pero volveremos, y como siempre al salir nos esperaba un buen entrepán, pues había que reponer fuerzas y nos esperaba todavía la larga vuelta a casa. Nos vamos siendo conscientes que esta cavidad con su valiosa colonia de murciélagos y su vida interior no nos ha dejado indiferentes.
Referencias
Sendra A. & Beltrán M.D. 2023. Ecosistemas de las cuevas y
su fauna, págs 89–171.
En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas.
Sociedad
Entomológica Aragonesa.
Enlace a
la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s
Alberto
Sendra – Anatolio Tormos – Santiago
Teruel