dissabte, 26 de setembre del 2026

Nº 444. Una cavidad del Alto Tajo (Guadalajara) y su vida microscópica

 

Una nova col·laboració de la sèrie "Enumeración..." que ens dona a conèixer la complexitat de la flora i fauna subterrània. Com en altres entrades, s'ha mantingut la llengua original de l'article.

Una cavidad del Alto Tajo (Guadalajara): la vida microscópica en la oscuridad absoluta

Hoy hemos estado en una de esas cavidades que no te dejan indiferente. En ella, durante varios meses consecutivos al año, encuentran refugio colonias temporales de varias especies de murciélagos. Son mamíferos voladores ¡únicos! responsables del control de numerosas plagas de insectos que afectan tanto a nuestra salud como a las plantas cultivadas. Sin embargo, el abuso de los insecticidas o la destrucción o invasión de sus refugios de cría o descanso están acabando con ellos.

En esta visita a una cueva del Alto Tajo volvemos a encontrarnos con su amplia colonia de murciélagos. Ya sabíamos de su existencia, por nuestra incursión a la cavidad en febrero de este mismo año, pero creíamos que ya no se encontraba allí. De modo que hicimos “Media vuelta ¡ar! Un, dos, un, dos”. Como espeleólogos sabemos que nunca, por ningún motivo, debemos atravesar las salas o galerías repletas de murciélagos, si nuestra presencia es motivo de trastorno para estas delicadas criaturas de la noche.

Miembros del grupo de espeleólogos y biólogos del Sistema ibérico que visitamos la cueva, de izquierda a derecha: Pacho, Maika, Merche, Alberto, Anatolio, Elena, Santi, Pati y Nacho. Fotografía de Anatolio Tormos.

Pues bien, aunque no hemos podido visitar toda la cavidad si nos ha dado tiempo de ver algunos invertebrados que utilizan habitualmente las cuevas. Hemos contemplado y olfateado el guano de los murciélagos, aunque no con gusto. Su olor es nauseabundo, al ser una mezcla de orina y compuestos nitrogenados de las heces. Pero es un delicioso manjar para millones de larvas y adultos de dípteros, lepidópteros y coleópteros, así como para infinidad de gusanos nematodos, ácaros o colémbolos. No obstante, éste no es el único alimento que dispone la fauna de las cuevas, os hablaremos de otros nutrientes extra que también se hallan en las cavidades, para hacerlo volvamos al momento que nos dimos la vuelta.

Cuando regresábamos, Pacho le dejó a Maika su linterna de ultravioleta y ¡bum! ¡menudo descubrimiento ante nuestros incrédulos ojos! Lo primero que nos llamó la atención fue un cadáver de murciélago. Los huesos resplandecían a la luz del UV, algo “extraordinario”. Nuestra amiga Virginia nos aclaró por wasap que la luz UV se utiliza en excavaciones paleontológicas ya que resalta la presencia de los restos óseos. Pero los pobres restos nos depararon otra sorpresa ¿Sabías que, en el oído interno de los murciélagos, la estructura llamada caracol o cóclea es enorme? Tanto que parece un verdadero molusco del grupo de los gasterópodos o caracoles. El interior de estas cócleas está tapizado por células con cilios sensibles a los sonidos −ondas mecánicas que viajan en el aire. En los murciélagos los cilios son tan numerosos que pueden percibir el sonido que ellos mismos emiten. Este conjunto de cilios al vibrar por las ondas transmite una respuesta eléctrica al cerebro, a lo largo de células nerviosas. Se forma así una imagen detallada de las distancias y obstáculos, permitiendo así el vuelo de estos increíbles mamíferos.

A la izquierda video de un murciélago, iluminado con linterna UV, a la derecha el mismo murciélago iluminado con lámparas de led; posiblemente se trata del murciélago grande de herradura, Rhinolophus ferrumequinum. Video y fotografías de Pacho.

 Video: https://photos.app.goo.gl/zCnn7g1jRT6UPx3D6

 Seguidamente volvimos a lanzar la luz UV sobre las paredes y techos de la cavidad donde aparecían tapices coloreados. El UV los destacaba, los hacía más visibles. Descubrimos colores amarillentos y grisáceos en las superficies ora arcillosas, ora estalagmíticas, donde su resplandor cromático nos impactaba. La razón se encuentra en los diversos pigmentos −rojos, amarillos o grises− contenidos en un tipo especial de bacterias, los Actinomycetota antes incluidas entre los hongos por la forma filamentosa de sus células que se asemejan a los “micelios” típicos de los mohos. Estos filamentos celulares dibujan estructuras radiales o estrelladas bien coloreadas y por tanto visibles a nuestro ojo. Los actinomicetos gustan de vivir a sus anchas en ambientes subterráneos pobres en nutrientes, cualquier resto de materia orgánica difícil de degradar por otros organismos puede ser su alimento. En un ambiente empobrecido como en las cavidades su presencia es habitual. Aunque no sólo viven en cavidades, el suelo del exterior es su hábitat más conocido, entre otras razones por suponer muchos de estas Actynomycetota candidatas ideales como fábricas de antibióticos, imprescindibles para la salud humana.

Los Actinomycetota destacan de las superficies arcillosas o estalagmíticas donde prosperan gracias a cualquier tipo de materia orgánica y donde prosperan otros microorganismos entre los que abundan los eucariotas como hongos y protistas. Video de Anatolio Tormos.

Video: https://photos.app.goo.gl/r2wrrg5QyD6mVVon6

 Junto a estos actinomicetos viven otras clases de bacterias y arqueas (éstas son similares solo en apariencia, algún día os hablaremos de ellas) y los más conspicuos, visibles, y en ocasiones extensos hongos filamentosos o mohos. Todos los hongos se nutren exclusivamente de materia orgánica procedente de otros organismos, aunque son algo más selectos que los actinomicetos, y cuentan con digestión extracelular vertiendo los enzimas descomponedores al exterior. En la cueva los vemos por todas partes consumiendo las deyecciones de los murciélagos, formando redes enormes de filamentos (hifas) que pueden cubrir desde un diminuto excremento a una pila completa de estos. Pero, los hongos no sólo se alimentan de la materia orgánica muerta también aprovechan de los animales de las cuevas, como el que pudimos fotografiar.

Hongos filamentosos (mohos) sobre unos pocos excrementos (parte oscura) de algún murciélago (guano), al final de los filamentos (micelios) más erguidos se dibuja una diminuta bolita, en ella se hallan las esporas de los hongos. Fotografía Anatolio Tormos.

Es muy frecuente observar el florecimiento de ramos de hifas de hongos del interior del cadáver de un insecto, en este caso de un pequeño díptero. Fotografía Nacho Velasco y Elena Prima.

En este devenir de quien devora más materia orgánica en una cavidad como la que estamos visitando faltan un buen puñado de actores a escena. Pero, no nos alarguemos mucho, y ciñámonos a lo que vimos. Pastoreando la superficie repleta de microbiota, aquí y allá encontramos como en el guano, un buen número de minúsculos colémbolos, caracterizados por su apéndice caudal que le permite dar enormes saltos; un gran número de diminutos ácaros y, no menos frecuentes, pequeños coleópteros estafilínidos con sus recortados élitros como si lucieran una chaqueta de frac. Todos ellos junto a una plétora de larvas o gusanos nematodos forman parte de esta red trófica o de transferencia de nutrientes que sutilmente estamos intentando relatar. Para completarla, faltan los depredadores de esta fauna que pastorea los microorganismos. Vemos, coleópteros estafilínidos de cierto tamaño, pero también carábidos de la especie Laemostenus terricola que con sus casi dos centímetros y armado de evidentes mandíbulas en su cabeza prognata (desplazada hacia delante), representa la cúspide de esta cadena alimentaria de los invertebrados cavernícolas.  Toda esta fauna no es exclusiva de las cuevas, pero forma parte indispensable en el singular ecosistema subterráneo de muchas cavidades ibéricas.

En la cúspide de la cadena trófica de invertebrados el coleóptero carábido Laemostenus terrícola, bien conocido en los ambientes subterráneos de buena parte del territorio europeo. Fotografía Anatolio Tormos.

Este relato de lo que vimos en nuestra visita a la cavidad del Alto Tajo acaba aquí, pero volveremos, y como siempre al salir nos esperaba un buen entrepán, pues había que reponer fuerzas y nos esperaba todavía la larga vuelta a casa. Nos vamos siendo conscientes que esta cavidad con su valiosa colonia de murciélagos y su vida interior no nos ha dejado indiferentes. 

Referencias

Sendra A. & Beltrán M.D. 2023. Ecosistemas de las cuevas y su fauna, págs 89–171.
En: Sendra A. (Coord.). 2023.
Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas.
Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s

 

Alberto Sendra – Anatolio Tormos – Santiago Teruel



divendres, 18 de setembre del 2026

Nº 443. Speonomites montsecensis. Nueva especie de coleòptero troglobio

Aquest article, el nº 443, tracta del mateix tema que l'anterior el nº 442 d'aquest blog. Els autors valencians, afegeixen algunes consideracions i imatges, que són interessants de conèixer i, per això, es mereix la seva divulgació. Com en anteriors ocassions, mantenim la llengua original de l'escrit.

Una nueva especie de coleóptero leptodirino: los troglobios triunfadores

BioNoticia +3 en 

https://youtu.be/TvWcC2_kXmU?si=FRWge4fgzO7XlGu

En 2023, en la obra “Habitantes de la Oscuridad”, los prolijos bioespeleólogos, Javier Fresneda y José María Salgado, ambos reconocidos especialistas a nivel mundial de este diverso grupo de coleópteros,utilizaban el mismo subtítulo:“troglobios triunfadores” parael grupo zoológico de los leiódidos donde estos mismos autores incluyenuna nueva especieacabada de publicar. Contrabajo publicado hace unos días y titulado“Speonomites montsecensis sp. n. de Serra del Montsec de Rúbies (Lleida,España) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini)”,Fresneda y Salgado describen con detalle maestro un nuevo taxón del Prepirineo de Lleida. Fue hallado “hace 36 años” en la sima conocida como Forat dels Diners, por Juli Serrano de la Sección de Investigaciones Espeleológicas del Centre Excursionista l’Àliga de Barcelona de la Serra del Montsec de Rúbies, única cavidad donde hasta ahora es conocido.

La familia de pequeños escarabajos leiódidos y en especial la tribu de los leptodirinos, al que pertenece, representa un grupo taxonómico de verdaderos triunfadores en los ecosistemas subterráneos. Una parte importante de las especies de esta tribu muestran marcadas adaptaciones a la vida cavernícola −en el argot bioespeleológico, son troglobios−. Además, la tribu leptodirinos se halla notablemente diversificada en buena parte de las regiones kársticas del norte de la cuenca mediterránea desde la península ibérica hasta Irán, con unos 250 géneros y subgéneros y algo más de 1340 especies y subespecies. La mayor parte de sus especies se conocen en exclusiva en el interior de cavidades, como sucede con Speonomites montsecensis, donde se encargan de consumir restos de materia orgánica −por los que se les considera detritívoros− o bien devoran los excrementos de otros animales −coprófagos− o cadáveres −necrófagos−. ¡Vaya, qué no son nada exquisitos! Eso hace que todos los leptodirinos sean buenos candidatos para colonizar las cuevas. ¡Mal lo tendrían si fueran fitófagos para vivir en un ambiente sin planta alguna!

El nuevo taxón descrito por estos autores es uno de esos leptodirinos “triunfadores” que ocupan la zona profunda de las cavidades. No obstante, la morfología de Speonomites montsecensis no muestra formas y apéndices llamativamente alargados, como es habitual en muchos troglobios. Su cuerpo de poco más de dos milímetros y medio es ovalado, algo alargado, lo que le confiere una forma de nave, con antenas algo más cortas que la longitud del cuerpo. Esta morfología general, junto con la estructura copulatoria del macho lo asemejan a su vecino geográfico Speonomites velox,una especie conocida en varias cavidades de una pequeña área kárstica en el contacto entre la Serra de Comiols y el Montsec de Rúbies.


                             Vista dorsal del cuerpo de un (1) Speonomites montsecensis y de un (2) Speonomites velox.

 De izquierda a derecha, el órgano copulador masculino (edeago) en vista dorsal y lateral de (1 y 3) Speonomites montsecensis y (2 y 4) de Speonomites velox. Tanto las espinas del saco interno de este edeago, que puedes ver en la parte central, como los estilos que el órgano lleva a ambos lados, y sus sedas finales muestran diferencias en estas dos especies vecinas. No cabe duda de que las diferencias en la ornamentación de estas estructuras reproductoras que participan en la introducción y transferencia de células espermáticas son clave en el aislamiento de poblaciones y, por tanto, de las especies a las que pertenecen. ¡Por tanto, son aspectos morfológicos que ayuda, sin duda, a reconocer la diversidad taxonómica!

                        Mapa de distribución de los leptodirinos cavernícolas de la Serra del Montsec de Rúbies (Lleida). 

No cabe duda que este trabajo recién publicado contribuye al conocimiento de la diversidad de los coleópteros leptodirinos, pero al leer el apartado de discusión y examinar el mapa de distribución figurado en el artículo nos llaman la atención dos hechos. De una parte, la existencia en la misma cavidad, el Forat dels Diners, de dos especies más de leptodirinos (Troglocharinus hustachei y Stygiophyes puncticollis); y, de otra, la presencia de al menos seis especies cavernícolas de leptodirinos, las mencionadas y tres más (Speonomites aurouxi, Speonomites velox y Troglocharinus senenti), no lejos del Forat dels Diners y que, en conjunto, abarcan un área kárstica de unos cien kilómetros cuadrados. Ambos son argumentos contundentes que muestran el triunfo de estos leptodirinos en la ocupación del medio subterráneo en cuevas y simas. Unos hechos que se repiten en otras regiones kársticas donde se extienden los leptodirinos ibéricos.

Los estudios de los leptodirinos ibéricos se remontan a los inicios del conocimiento de la fauna cavernícola ibérica, a finales del siglo XIX, y los de la europea, a algunas décadas antes. Pese a esta dilatada trayectoria, como continuamente nos demuestran José María Salgado y Javier Fresneda, aún queda una rica diversidad de estos leptodirinos triunfadores por descubrir. Esperemos que ambos sigan haciéndolo en el futuro.


La especie que vemos en esta fotografía es Stygiophyes puncticollis y convive con Speonomites montsecensis, en el Forat dels Diners. No sabemos si podría ocupar otro microhábitat, si bien su cuerpo es claramente menos alargado. Esta fotografía de Adrià Miralles-Núñez se realizó en el Forat de l’Or (Serra del Montsec, Lleida).

 Referencias

Fresneda, J. &Salgado, J.M. 2026. Speonomites montsecensis sp. n. de Serra del Montsec de Rúbies (Lleida, España) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini). Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 78 (2026): 84-89.

Salgado, J.M.&Fresneda, J. 2023. Coleópteros, insectos con estuche, págs 413‒470. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s

 

Textos: Alberto Sendra – Adrià Miralles-Núñez

Edición video: Anatolio Tormos

dijous, 10 de setembre del 2026

Nº 442. Una nova espècie de coleòpter cavernícola del Montsec de Rúbies.

 

                               Figura treta de la publicació, amb algunes modificacions per fer-la més entenedora.

S’acaba de publicar la descripció d’una nova espècie de coleòpter del món subterrani del Montsec de Rúbies, Lleida.

Els autors de l’estudi han estat els coneguts i grans especialistes Javier Fresneda, conjuntament amb J. Mª Salgado.

El Montsec, més ben dit, “els Montsecs”, són tres, separats pels dos rius Noguera –Pallaresa i Ribagorzana-. En aquest cas parlen del Montsec de Rúbies, el més oriental i, pot ser, el més conegut des del punt de vista de la biología subterrània.

Cal destacar que és la primera vegada que es localitzen en una mateixa cavitat de Catalunya, 3 espècies de coleòpters cavernícoles leiódids convivint. Que en siguin dos, n’hi ha diversos casos, pero no n'hi havia de tres.

La recolecció va ser del Juli Serrano i el Francesc Rubinat, que formen un grup de treball que reviuen cavitats que podriem dir, “oblidades”.

dijous, 27 d’agost del 2026

Nº 441.- Quatre noves espècies de coleòpters pselàfids cavernícoles del SE de la península.

 


Nota de la redacció. Seguim publicant les notícies que ens envia el nostre col·laborador Alberto Sendra des de València. El títol genèric és Ciencia en la oscuridad i serà el nº 2 d'aquesta sèrie.


Nueva sorpresa en los ecosistemas subterráneos: cuatro nuevas especies de pseláfidos cavernícolas, los micro-coleópteros de la oscuridad

Ha visto la luz un nuevo descubrimiento a cargo de nuestros compañeros, los bioespeleólogos Francisco Javier Sánchez y Pablo Barranco de la Universidad de Almería. Su trabajo titulado “New anophthalmous species of the genus Tychobythinus Ganglbauer, 1896 (Coleoptera: Staphylinidae: Pselaphinae) from southern Spain” y publicado en la prestigiosa revista de zoología, Zootaxa, da a conocer cuatro nuevas especies cavernícolas de escarabajos pseláfidos en cavidades andaluzas, donde no se conocían representantes de estos microdepredadores de los ecosistemas subterráneos.

Para quien no esté familiarizado con estas criaturas, se quedaría perplejo de su tamaño, ya que apenas superan el milímetro. Imaginaros el volumen ocupado por un grano de arroz, pues bien,en el mismo entrarían apretujados 50 ejemplares de estos pseláfidos descritos. En el mundo hay cerca de unas diez mil especies de este destacable grupo, algunas tan minúsculas que aún entrarían en ese grano 500 ejemplares de pseláfidos de medio milímetro de largo. Si hubiera algún “dios creador” en este mundo, seguro que nos habríamos sorprendido por su capacidad para crear estas miniaturas vivas, sin embargo, la naturaleza no es divina, cuenta con la selección natural para conseguirlo. Los pseláfidos no son los únicos enanos entre los artrópodos. Ácaros o colémbolos, por ejemplo, cuentan con especies tan pequeñas que los pseláfidos de las cuevas los pueden incluir en su dieta. En estas especies de las cuevas y de las simas, los ojos de estos seres están reducidos o faltan, las alas con las que podrían volar −el segundo para de alas en los coleópteros están ausentes-; los pigmentos que cubren el exoesqueleto del cuerpo desaparecen; y, sin embargo, las antenas y las patas se alargan multiplicando los sensores que les permiten desplazarse en la oscuridad. Estos patrones morfológicos de los pseláfidos cavernícolas se repiten en otros grupos de especies que se encuentran adaptados a esta vida sin luz total.

Habitus de las cuatro especies de pseláfidos descritas: (a) Tychobythinus eca Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (b) Tychobythinus mayorali Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (c) Tychobythinus lacilbulensis Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (d) Tychobythinus elvirensis Barranco & Sánchez-Camacho, 2026.

Francisco Javier y Pablo han contado con el apoyo de compañeros del equipo almeriense junto con grupos de espeleólogos andaluces para disponer de un nutrido elenco de especímenes procedentes de un total de cuatro cavidades localizadas en cuatro regiones kársticas separadas. Ello les ha permitido describir las cuatro especies cavernícolas, todas del género Tychobythinus: T. eca del Complejo GEP del Karst en Yesos de Sorbas (Almería), T. mayorali de la Cueva La Corraliza en Sierra Gádor (Almería), T. lacilbulensis de la Cueva del Cacao en la Sierra Grazalema (Cádiz), y T. elvirensis de la Sima de la Higuereta en Sierra Elvira, Granada. Pero los autores no se quedan con las descripciones taxonómicas de cada especie, van más allá realizando una síntesis de caracteres y situación geográfica, organizadas en una extensa tabla, de las 110 especies y subespecies conocidas del género Tychobythinus.

Aún hoy día, espeleólogos y bioespeleólogos seguimos sorprendiéndonos de la riqueza del mundo subterráneo que con tanto tesón exploramos, quizás por ello somos conscientes del gradual deterioro y total destrucción de estos hábitats del subsuelo profundo, por exploración intensiva del propio karst que lo soporta, contaminación de las aguas subterráneas que lo recorre o cambios graduales en las condiciones de su atmosfera. Un día os hablaremos en profundidad de todo ello. Pero, despidámonos en positivo, felicitando a Francisco Javier y Pablo por sus descubrimientos.

Referencias

Sánchez-Camacho F-J. & Barranco, P. 2026. New anophthalmous species of the genus Tychobythinus Ganglbauer, 1896(Coleoptera: Staphylinidae: Pselaphinae) from southern Spain. Zootaxa 5866 (2): 201–230. https://doi.org/10.11646/zootaxa.5866.2.1

Salgado-Costas, J-M. & Fresneda-Gaspar J. 2023. Coleópteros, insectos con estuche. págs. 413–470. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

 

Alberto Sendra & Adrià Miralles-Núñez

dijous, 20 d’agost del 2026

Nº 440. Descobriment d'un nou palpígrad cavernícola a València.

 

Nota de la redacció. Seguim publicant les notícies que ens envia el nostre col·laborador Alberto Sendra des de València, amb el complement de la fantàstica foto d'Adrià Miralles. La seva ideia és obrir una nova serie que doni a conèixer treballs, descobertes, jornadas o nous proyectes de bioespeleología recentment publicats. S'editaran en la mateixa llengua que els hem rebut. En tot cas, es podran afegir alguns comentaris que puguin complementar l'article.

Un nuevo palpígrado, microarácnido con cola, descubierto en una cavidad de Serra Calderona (Valencia)

Hace unos días, nuestros colegas, investigadores de la Universidad de Almería −Pablo Barranco y Fco. Javier Sánchez-Camacho−y de la Florida International University de Miami −Jaime Mayoral− publicaron en la revista Subterranean Biology el descubrimiento de una nueva especie de palpígrado cavernícola. Su nombre, Eukoenenia serrana, hace referencia al municipio de Serra, donde se ubica la cavidad en la que se halló este excepcional taxón para la ciencia. Se trata de un singular y minúsculo artrópodo del orden de los palpígrados, caracterizados por su extravagante flagelo o cola situada al final del cuerpo y recorrida por fuertes sedas sensoriales. Cuando se desplazan, arrastran esta cola final, pero cuando algo les sorprende, la alzan verticalmente. Aquests aràcnids, estan dotats d'una "cua" tant o més llarga que el seu cos, envoltada de finíssims pèls, que els fan molt característics. El problema està a l'hora de la captura, ja que aquest apèndix és molt fràgil i amb facilitat es pot despendre del cos i perdre'l.

Esta notable especie fue hallada en la profundidad de la Sima del Plà de les Llomes, cavidad de la localidad de Serra, excavada en los relieves carbonatados de Serra Calderona, no lejos de la ciudad de Valencia. Próxima a esta Sima se hallan diversas cavidades, todas ellas en dolomías del Triásico medio, abiertas gracias a las aguas de filtración que aprovechan las líneas de fracturación que afectan a estos paquetes rocosos. Las superficies karstificables de estas dolomías son fácilmente distinguibles por los tonos terrosos a grisáceos que contrastan de los rojizos que caracterizan las no karstificables areniscas, los rodenos rojizos, del mismo periodo geológico. Los espacios subterráneos de Serra Calderona albergan una interesante fauna con una decena de representantes entre palpígrados, coleópteros, dipluros, isópodos, zigentomas y pseudoescorpiones, que confieren a la Calderona una rica diversidad cavernícola endémica y única.

En concreto, los palpígrados, con algo más de un centenar de especies descritas en todo el mundo, habitan los suelos del exterior, pero también están bien adaptados a los ecosistemas subterráneos. Pablo, Francisco Javier y Jaime sitúan Eukoenemia serrana entre las especies afines al grupo mirabilis-berlessei, pero a diferencia de buena parte de los integrantes de este grupo taxonómico, es un excelente ejemplo de especie adaptada a la vida en la cueva, en el medio subterráneo profundo. Así, de E. serrana destacan sus cerca de dos milímetros de envergadura del cuerpo, superior a otras especies del grupo, las patas con tibias y basitarsos claramente más largas que en las especies no cavernícolas del grupo


Como no existe ninguna fotografía de Eukoenenia serrana en su hábitat, ilustramos la publicación con esta imagen de Eukoenenia zariquieyi, especie troglobia y endemismo, por el momento, de las Coves de Collbató en Barcelona, de aspecto muy similar a E. serrana. Autor: Adrià Miralles-Núñez.

El equipo de investigadores contó con solo un ejemplar macho de E. serrana para llevar a cabo la descripción de la especie. Un hecho que nos podría sorprender, pero que como bioespeleólogos no nos extraña, ya que los palpígrados suelen ser muy difíciles de localizar debido a su diminuto tamaño y sus bajas abundancias. Cuando alguien tiene la suerte de poder detectar algún ejemplar, se vuelve una oportunidad única que no debe ser desperdiciada. Así, los hallazgos por parte de los espeleólogos y espeleólogas que con asiduidad visitan las cuevas y simas, se convierten en aliados imprescindibles para el mejor conocimiento de la vida en estos espacios profundos del subsuelo.

Referencias:

Barranco P, Sánchez-Camacho FJ, Mayoral J (2026) Troglomorphic trends of palpigrades in the Eukoenenia mirabilis-berlesei group, and discovery of a new cave-dwelling species from Spain (Palpigradi, Eukoeneniidae). Subterranean Biology 57: 117-138. https://doi.org/10.3897/subtbiol.57.202620

Barranco Vega, P. 2023. Palpígrados, arácnidos que andas con los palpos, págs 231‒234. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

P. D. Con esta entrada en el blog, hemos querido inaugurar una nueva serie “Ciencia en la Oscuridad” de contenidos relacionados con las novedades en publicaciones, proyectos, encuentros, jornadas y congresos sobre la vida subterránea, en definitiva, referentes en la mejora de los conocimientos bioespeleológicos, tanto en el ámbito territorial de la península ibérica, como fuera de los límites peninsulares.

Alberto Sendra −Adrià Miralles-Núñez


divendres, 7 d’agost del 2026

Nº 439. Projecte "Enumeración de Grutas Visitadas". Article 04.

Nota de la redacció. Aquest escrit ha estat presentat en castellà. Volem mantenir els textos originals.
 
La vida en las balsas pétreas de la Cueva de la Ramera (Beteta, Serranía de Cuenca)

Comienza una nueva mañana bioespeleológica. En esta ocasión nos adentramos en los entresijos de la vida subterránea de una hermosa cavidad de la Serranía de Cuenca: la Cueva de la Ramera. Su entrada se abre en un entorno idílico, sobre un cañón kárstico que conserva vestigios de una vegetación propia de climas más fríos, semejante a la de algunos bosques centroeuropeos. Así lo atestiguan los vetustos tilos de troncos retorcidos que jalonan parte de la senda que conduce hasta la cavidad o, mejor dicho, hasta la escalera por la que se accede a ella. Antaño, la entrada requería una escalada; hoy resulta más cómoda, pues basta con ascender por unos peldaños metálicos, siempre que dispongamos de la llave de la verja que da acceso a ellos.

La Ramera es una cavidad bajo estricto control por parte de los responsables públicos. La presencia de una colonia temporal de murciélagos y su valor geológico y cultural bien merecen esta restricción para garantizar su preservación.

Tras ascender, la vista desde la entrada a la Cueva de la Ramera nos ofrece una bella visión del cañón kárstico que se abre a nuestros pies. Fotografía Nacho Velasco-Elena Prima.


Buena parte del interior de la Cueva de la Ramera está cubierto por bellos espeleotemas con formas de coladas, estalactitas, estalagmitas y gours. Fotografía de Nacho Velasco y Elena Prima.

 Para esta visita a la Ramera nos hemos reunido Alberto Lupo, Elena, Nacho, Juan Carlos y Sara, del Club Diaclasa, además de Alberto Sendra, que se desplazó desde Valencia. Nuestro objetivo es recuperar los dispositivos de muestreo que dejamos durante la visita anterior y que deberían ofrecernos una visión más precisa de la composición de la fauna cavernícola. Nos interesa especialmente la fauna más profunda, aquella que habita exclusivamente en la red de conductos subterráneos del macizo kárstico. Las muestras obtenidas revelaron una fauna terrestre muy escasa, apenas perceptible a simple vista y representada por unas pocas especies, principalmente colémbolos y algunos dípteros (moscas y mosquitos) capaces de volar en la oscuridad.

Un homenaje en la profundidad

En el interior de la cavidad nos encontramos con una agradable sorpresa, y no fue una nueva especie cavernícola, fue un recuerdo, un homenaje al joven espeleólogo José Manuel Vera por parte de los espeleólogos conquenses del GAES (Grupo de Actividades Espeleológicas Slalom). Así lo decidieron los espeleólogos conquenses que descubrieron estas galerías y salas plagadas de formaciones estalagmíticas, dedicándole su nombre a una de las vías de acceso a la zona más profunda de la Cueva de la Ramera. Vera tenía 21 años, y pese a su juventud era un espeleólogo muy completo con gran interés tanto por técnicas de progresión como por aspectos científicos incluyendo su dedicación a la bioespeleología. Él y sus cuatro compañeros del Centro Excursionista de Alicante se adentraron en diciembre de 1976 en el Complejo Hundidero Gato (Málaga) pero una crecida del río que atraviesa esta gruta de grandes dimensiones les atrapó, y Vera arriesgó su vida para buscar una salida a su crítica situación, pero la fuerza de las aguas terminó por arrastrarlo. Sus compañeros fueron rescatados seis días después, y el cuerpo de su compañerotres meses más tarde en una sala interior de la cavidad donde perdió la vida. José Manuel Vera seguirá en la memoria de los que amamos este deporte-ciencia que constituye la espeleología.


Galería del Complejo ” J. Manuel Vera” donde se conserva la placa en recuerdo al joven espeleólogo. Fotografía José Velasco y Maika Colmena. 


                      Placa colocada en la galería que accede a la parte más profunda de la cavidad. Fotografía Mercedes Cano.

Casi cualquier cavidad alberga dípteros que siguen a murciélagos y otros vertebrados como los tejones para alimentarse de sus restos, incluso nos siguen a nosotros cuando nos adentramos a grandes profundidades. Simas como la de Krubera-Voronya en el Cáucaso occidental o la Sima GESM en la Sierra de las Nieves de las Béticas tienen a los dípteros como visitantes en ocasiones frecuentes, en particular cerca de los vivacs situados a mil o incluso dos mil metros de la superficie ¡A sus larvas no les faltan nutrientes!

Sin embargo, si la fauna terrestre es escasa en esta y otras cavidades de la Serranía, las aguas, en particular en las balsas pétreas conocidas como gours, son pobladas por seres fácilmente observables. Patinando en las superficies de estas aguas estancadas y si nos acercamos mucho, casi con nuestras narices rozando el agua, veremos unos micro colémbolos. Como disponemos de una lupa de mano los podemos ver de cerca, distinguiremos cuerpos rechonchos ligeramente moteados de colores rojizos. De ellos ya os hemos hablado en la visita nº 2. Ya en el fondo de estas masas de agua se hacen evidentes pequeños crustáceos blanquecinos con la forma de cochinillas de la humedad. No poseen ojos y son tan transparentes que se distingue lo que han ingerido, en general restos orgánicos mezclados con los lodos del fondo. Son un excelente ejemplo de seres ‘detritívoros’ que actúan como… ¡limpiadores de las aguas subterráneas! Es bueno que lo sepamos ya que, la limpieza de estas aguas que alimentan nuestras fuentes y manantiales depende de ellos.

El isópodo Bragasellus lagari

Pero ¿Cómo se llaman estos crustáceos blancos de las balsas pétreas? Son acuáticos de la familia Asellidae. El nombre «isópodo» procede del griego isos-, «igual», y podos, «pie», en referencia a la semejanza general entre sus patas torácicas. Los ejemplares encontrados pertenecen a Bragasellus lagari, una especie cuyo nombre rinde homenaje al bioespeleólogo catalán Ángel Lagar, del que algún día os hablaremos. Posteriormente, Jean-Paul Henry y Guy Magniez estudiaron y describieron formalmente la especie. Ambos zoólogos franceses son reconocidos por sus detallados trabajos sobre la taxonomía y la biología de los crustáceos acuáticos, con especial atención a las formas subterráneas. Sus meticulosas ilustraciones constituyen auténticas obras de arte científico.

Aquí vemos la figura original, modificada, que Jean Paul Henry y Guy Magniez, el año 1973 dibujaron en el trabajo que describe y acuña el nombre a nuestro Bragasellus lagari, por cierto, fijaros en sus antenas tienen una corta y otra bien larga.

El género Bragasellus comprende unas pocas especies habitantes de aguas superficiales y un número mayor de especies estigobias (= exclusivas y adaptadas a las aguas subterráneas). Estas últimas, carentes de ojos y de pigmentación corporal, habitan diferentes sistemas de aguas subterráneas de la Península Ibérica.

En el caso de Bragasellus lagari, los datos disponibles indican que puede ocupar tanto conductos kársticos como medios intersticiales, es decir, los espacios existentes entre las gravas y arenas de los sedimentos. La especie se ha localizado entre los 240 y los 1.500 m de altitud, en las cuencas altas del Tajo, el Júcar-Cabriel y el Turia, principalmente en Guadalajara, Cuenca y Valencia.

 Por tanto, B. lagari no parece ser un relicto restringido a una única cavidad, sino una especie estigobia con una distribución relativamente extensa. Afonso et al. (1996) propusieron que sus antepasados pudieron expandirse desde el sector noroccidental de la Península Ibérica hacia el alto Tajo y, posteriormente, alcanzar las cuencas mediterráneas del Júcar-Cabriel y el Turia, posiblemente favorecidos por la continuidad de los medios intersticiales.

Junto a este detritívoro no podría faltar otro un especialista en basuras orgánicas, las lombrices de agua o anélidos dulceacuícolas. Aún nadie los ha estudiado, pero esperamos poder contaros algo sobre ellos en nuevas entradas.



                                            B. lagari i anélido. Fotogramas extraidos de un video aportado por los autores.

El regreso a la superficie.Tras cuatro horas de muestreo y tomar algunas imágenes salimos de la cavidad; el calor volvió a invadirnos. Por fortuna nos esperaban algunas bebidas refrescantes. En el parking que accede al sendero nos encontramos con unos amigos de Alberto Lupo que tuvieron el gusto de compartirlas con todos nosotros. Al atardecer regresamos a casa para seguir con nuestras vidas en un entorno cada vez más afectado por el cambio climático que hemos provocado. En las cuevas este efecto amortiguado causará la desaparición de parte de la fauna incluso de la que aún queda por descubrir, otra se salvará gracias a este refugio ambiental que suponen las cuevas, pero nosotros no somos cavernícolas ¿Dónde encontraremos nuestro refugio?

 Referencias:

Afonso, O., Henry, J.-P. & Magniez, G. 1996. Nouvelles données sur le genre Bragasellus (Crustacea: Isopoda: Asellidae). Contributions to Zoology, 66(2): 109–118.

Henry, J.-P. & Magniez, G. 1973. Un nouvel Asellide cavernicole d’Espagne centrale: Bragasellus lagari n. sp. (Crustacea Isopoda Asellota). International Journal of Speleology, 5(3–4): 273–282.

Henry, J.-P. & Magniez, G. 1988.
Isopodes Aselloïdes stygobies d’Espagne récoltés par J. Notenboom et I. Meijers. II — Le genre Bragasellus et description de sept nouvelles espèces. Stygologia, 4(4): 332–362.

Jaume, D., Palero, F., Herrando-Pérez, S. y Garcia, Ll. 2023. Isópodos, crustáceos de patas similares, págs 303‒322. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

https://museucienciesjournals.cat/es/other/mz/mz-volum-04-1-1977/in-memoriam-2

Alberto Sendra ‒ Ferran Palero −Miembros del Club Diaclasa 


dimecres, 22 de juliol del 2026

Nº 438. Projecte "Enumeración de Grutas Visitadas". Article 03.

 


L'Alberto Sendra ens va enviant els seus articles, escrits que s'aniran publican regularment. Aqui va ja el tercer!

Cazadores en l’Avenc del Bovalar (Cinctorres, Castellón):

Lithobius jorbai Serra, 1977

Esta es la tercera visita que publicamos y, como en las anteriores, volvemos a quedar atrapados por el interés de la fauna cavernícola que contemplamos. En esta ocasión, nos acercamos al’Avenc del Bovalar, una pequeña pero reveladora gruta próxima a la localidad de Cinctorres, dentro del conjunto de sierras carbonatadas del maestrazgo castellonense.

A primera hora de la mañana partimos cuatro compañeros desde Valencia: Agustín, Anatolio, Pati y Alberto. Habíamos quedado con otros dos compañeros, Cristina y Floren, en Cinctorres y el tiempo apremiaba. Nuestro primer café que solemos tomar en una de esas viejas bodeguitas, de las pocas que aún quedan en pie, tuvo que posponerse. Propongo que, en adelante, entre nuestras vituallas no falte un termo con café del bueno, sostenible y de precio justo. Son algo menos económicos, pero así evitamos que estas deliciosas semillas del árbol del café o cafeto sean cultivadas bajo condiciones de explotación humana.

De izquierda a derecha, Anatolio, Agustín, Alberto y Pati. Cristina se fue rápido a abrir la cueva acompañada de Floren. Fotografía de AnatolioTormos.

 Por cierto, no os hemos dicho que Floren, al que veremos en un par de horas de coche, ya que viene desde l'Hospitalet de l'Infant, es nuestro más veterano y querido amigo. Un verdadero “connaisseur” de la fauna subterránea en particular del noreste peninsular, pero también de las cavidades del Riff y Atlas marroquís donde puntualmente acude todos los años. Y, como no, se conoce a la perfección la vida subterránea en estas cavidades que solemos visitar.

Al llegar, como “valencianos” de pedigrí, toca un buen “esmorzaret” en el bar donde recogemos la llave de acceso a la cavidad. El Ajuntament de Cinctorres siempre ha tenido la amabilidad de otorgarnos este privilegio de entrada. Sus representantes son los custodios de la cavidad, los responsables de su conservación. Esperemos que algún día otros consistorios municipales tomen buena nota de estas buenas prácticas para preservar el patrimonio histórico natural que suponen las cuevas y simas.

¡Cuatro párrafos y sin mencionar un bicho! ¡qué calamidad!

Ha llegado el momento de hablar de nuestro protagonista principal, para conocerlo abrimos la verja para descender por una galería angosta que a los pocos metros nos conduce a una pequeña sala. El techo de la misma se halla repleto de raíces humedecidas por el agua de filtración del exterior.

Las galerías de l’Avenc del Bovalar están jalonadas de raíces que surgen aquí y allá, colgando de techos y revistiendo en ocasiones las paredes. Fotografía de Patricia Soldado y Anatolio Tormos.

 Como sabes, las raíces suponen esa parte subterránea de las plantas superiores o vasculares que forman parte de la vegetación en el exterior. Por cierto, nuestro amigo Agustín que nos acompaña en esta visita es uno de los mejores botánicos que tiene Valencia. Es un verdadero experto en el ajardinamiento de ciudades, un sabio del mundo vegetal, que aprovechó la visita para escudriñar la flora que cubre las superficies del karst donde se halla excavada la cavidad.

Hemos vuelto a desviarnos de nuestro relato bioespeleológico ¡Centrémonos! Las raíces en las cuevas suponen un alimento que permite a la fauna darse un bacanal en un ecosistema pobre en recursos nutritivos. Os recomendamos que leáis la visita nº 2 dedicada a la Cueva de los Moros de la Serranía de Cuenca, donde descubriréis la escasez de la fauna en las cuevas. Pero, en l’Avenc del Bovalar la diversidad en especies sube un peldaño y lo hace gracias a sus raíces. Éstas forman una comunidad con una cierta riqueza de vida que podemos observar en múltiples puntos dispersos a lo largo de los 250 metros de recorrido que posee la cavidad.

En estas superficies tapizadas de raíces, a veces enredadas entre ellas, vemos volar dípteros nematóceros y braquíceros, ocasionalmente advertimos la presencia de diminutos ácaros, colémbolos, dipluros e incluso caracoles. En otras épocas del año, en estas raíces se alojan gorgojos radicícolas de cierto tamaño ¡por encima del centímetro! Las larvas de estos gorgojos comen raíces y los adultos que en otras ocasiones hemos visto vienen a depositar sus huevos. Por cierto, deciros que los gorgojos son escarabajos −coleópteros− de la familia de los curculiónidos, y estos del Avenc del Bovalar pertenecen al género Otiorhychus que, aunque gustan de vivir en las cuevas, poseen una cutícula pigmentada y unos “ojazos” que los delatan como visitantes temporales a la cavidad. En argot bioespeleológico, estamos frente auna especie troglófila, como buena parte de la fauna que hemos mencionado.

Toda esta comunidad de vida radicícola tiene algunos depredadores minúsculos como esquivas arañas del género Centromerus o esporádicos pseudoescorpiones. Estos pueden ser a su vez capturados por superdepredadores de este ecosistema, de los que conocemos dos. En la visita nos tropezamos repetidas veces con el más rápido, un veloz ciempiés de dos centímetros de largo −un gigante subterráneo− sin ojos funcionales, pálido y algo estilizado. Es el quilópodo Lithobius jorbai que fue descrito hace casi medio siglo por el biólogo catalán Antoni Serra de la Univeristat de Barcelona; algún día hablaremos de este descubrimiento. Aunque si quieres saber más de ciempiés cavernícolas te recomendamos leer el capítulo que a ellos se dedica en el libro Habitantes de la Oscuridad, te lo dejamos en las referencias. Este L. jorbai sí es un verdadero troglobio −especie exclusiva del mundo subterráneo profundo− adaptado a la vida en oscuridad total donde ver no es necesario. Y sin embargo L. jorbai devora toda la fauna que hemos visto y más. Por cierto, el otro gran depredador, éste más misterioso si cabe, aún no lo hemos visto en persona, a ver si un día os lo contamos.

 Estos son nuestros protagonistas de hoy, Lithobius jorbai Serra, 1977, un superdepredador troglobio que habita un reducido número de cavidades en el maestrazgo castellonense. Fotografías Anatolio Tormos.

 Pero ¿Cómo se desplaza sin luz? ¿Cómo captura sus presas? La respuesta la encontramos en la sofisticación de su equipo sensorial. Por una parte, sobre las antenas, ya de por si repletas de sedas además de algunos interesantes receptores con perforaciones en su superficie. Estos orificios permiten la entrada de gases de la atmosfera y su interior es sensible a ellos, puede así percibir olores. Por otra, una pareja de órganos llamados de Tömösváry, situados entre la inserción de las antenas y la posición donde se encontrarían los ojos que se hallan ausentes. Se trata de estructuras diminutas en los ciempiés que viven fuera de las cuevas−en los suelos de bosques o jardines−pero que son extraordinariamente grandes en las formas cavernícolas como en el caso de L. jorbai. Con todos estos receptores nuestro ciempiés no solo es capaz de reconocer el entorno inmediato, también sabe, y con mucha destreza, cazar al acecho o perseguir a sus presas.

A la izquierda, la cabeza y parte de las antenas de un Lithobius jorbai; en el centro un trozo de un segmento de la antena ampliado donde se observan dos receptores especiales cuya superficie esta multiperforada, como ves en la derecha ¡Son las narices de estos ciempiés!

Nuestro singular Lithobius jorbai es una de las exclusivas 18 especies –más otras dos subespecies–   verdaderamente troglobias de su género presentes en ámbito ibero-balear. Además, destaca por ser el único endemismo de tierras valencinas de estos Lithobius de las cuevas y simas hallada en un reducido número de cavidades. Por dicho motivo, debería, este único a la vez que especial quilópodo, ser considerado como una especie referente en la protección y conservación de los ecosistemas subterráneos fuertemente amenazados en particular por el cada vez más alarmante cambio climático del Planeta.

En esta visita, Cristina, capaz de rastrear cualquier galería por angosta que esta sea, nos guió hacia los últimos rincones de la cavidad, de modo que pudimos finalizar nuestro estudio, aunque aún deberemos volver, y lo haremos pronto; y no tardaremos mucho en contaros más historias sobre su reveladora fauna.

La jornada de trabajo pasó rápida, Floren Fadrique no dejó escapar un segundo buscando especies que investigar y muestreando con su aspirador de mano, sin duda disfrutamos de la jornada de estudio de la cavidad. Fotos: escenas del video de Anatolio Tormos.


Al tiempo que observamos milímetro a milímetro en busca de la fauna, en algunos lugares de la cavidad disponemos recipientes de recolección temporal que permiten conocer mejor la diversidad. Así como buenos Chefs vamos disponiendo plato especial 5 estrellas que más les gusta a nuestros habitantes de la oscuridad como es el excremento de vaca a las finas hierbas del que ese día tuvimos la fortuna de disponer.

Retrocediendo sobre nuestros pasos volvimos a la entrada de la cavidad recordando de nuevo el calor que estaba haciendo fuera. Cerramos el candado y devolvimos la llave pensando ya en la siguiente exploración bioespeleológica.

 

Referencias

Stoev, P., Sendra, A. & Cabanillas D. 2023. Quilópodos, depredadores con casi cien pies, págs. 353−360. En Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.


https://www.cedelsports.cat/wp-content/uploads/Avenc-del-Bovalar.pdf

https://cavitats-subterranies.blogspot.com/2010/03/avenc-del-bovalar-cinctorres.html

https://www.nature.com/articles/s41598-023-48014-7


Alberto Sendra, Anatolio Tormos, Carles Domenech.