L'Alberto Sendra, ens informa sobre els resultats d'unes sessions de Biologia Subterrània portades a terme a Rumania.
En septiembre de 2026 se celebró la 27.ª
Conferencia Internacional de Biología Subterránea
Durante la segunda semana de septiembre tuvo lugar la
27.ª Conferencia Internacional de Biología Subterránea. El evento se celebró en
un marco geográfico muy particular: la ciudad portuaria rumana de Mangalia,
bañada por el mar Negro. La razón de esta elección reside en su proximidad a
una de las cavidades más singulares conocidas: la Cueva de Movile.
La entrada a la Cueva de la Movile, abierta casualmente
en 1986 por el ser humano, es claro testimonio de su vetusto aislamiento; hoy
un eficaz cierre hermético protege su acceso. Fotografía de la colección del Emil Racoviţă Institute of Speleology.Un olor fétido nos sorprende al entrar en la Cueva de la Movile. Tras descender veinte metros y atravesar doscientos metros más de galerías que nos conducirán al nivel freático del acuífero, descubriremos su origen. Son aguas termales tóxicas, ricas en ácido sulfúrico, de ahí el olor a huevos podridos. Ello permite la proliferación de películas superficiales de bacterias quimiolitótrofas, una producción primaria base de un ecosistema independiente dela materia orgánica del exterior. En ella la respiración se hace imposible y el uso de equipos autónomos resulta necesario. Fotografía cortesía de Alexandra Hillebrand-Voiculescu.
Estos microorganismos de las aguas de la Cueva de la Movile permiten la
vida de numerosos invertebrados cavernícolas, entre ellos, Nepa anophtalma
es un voraz escorpión de agua similar a las otras cinco especies europeas del
género –caracterizadas por sus patas anteriores prensiles y un sifón
respiratorio terminal que conecta con la superficie para respirar–, que habitan
las aguas superficiales; en especial Nepa cinerea con una amplia distribución
que abarca la Iberia. Pero este escorpión de agua de la Cueva de la Movile es
exclusivo, y adopta una despigmentación evidente y completa ausencia de ojos.
Fotografía cortesía de Mihai Baciu.
A partir de su descubrimiento, la Cueva de Movile supuso
—y supone— el Santo Grial de la bioespeleología mundial. Sin embargo, ya no
constituye una rareza. En el último medio siglo se han dado a conocer otras
cavidades excepcionales, con ricas comunidades de bacterias y arqueas que
constituyen la base de productores primarios no fotosintéticos. En la
Conferencia Internacional celebrada en septiembre, diversos autores mostraron
la importancia biológica de este tipo de cavidades, presentes no solo en
Rumanía, sino también en países como Albania, Hungría, Israel, Italia o Rusia.
La primera presentación del evento corrió a cargo del
veterano bioespeleólogo Dr. Serban M. Sarbu, quien ha dedicado buena parte de
su vida científica al estudio de los ecosistemas aislados de la Cueva de
Movile. Este tipo de ecosistemas, caracterizados por su aislamiento del
exterior y por depender de la producción primaria de microorganismos
quimiolitótrofos, se encuentra en determinadas cavidades subterráneas, muchas
de ellas de origen hipogénico. Estas cavidades se forman mediante procesos
geológicos que actúan desde el subsuelo, a menudo asociados a la circulación de
aguas profundas y a la disolución de la roca.
La primera jornada se desarrolló con 13 presentaciones
orales centradas en las cavidades hipogénicas y sus ecosistemas, así como en la
celebración del 40.º aniversario del descubrimiento de la Cueva de Movile.
En la segunda jornada, diversos autores presentaron
comunicaciones orales y pósteres sobre la diversidad de la fauna terrestre y
acuática subterránea. De esta sesión nos gustaría destacar la charla de
Alejandro Martínez, quien, en coautoría con numerosos científicos y con una
cobertura geográfica de gran amplitud, presentó un estudio basado en barcoding
—la identificación de especies mediante un gen marcador ampliamente utilizado
en los seres vivos— para descifrar los patrones a gran escala de la diversidad
taxonómica y filogenética de las comunidades de fauna que habitan los
intersticios de arenas y gravas bañadas por aguas subterráneas.
La tercera jornada comenzó con la sesión «Diversidad
microbiana», en la que Martina Cappelletti nos introdujo en el complejo mundo
de los microorganismos cavernícolas, tanto desde el punto de vista de su
diversidad como de sus estrategias tróficas.
La siguiente sesión, «ADN y estudios genómicos», reunió
cinco trabajos. Entre ellos destacó la contribución de los colegas del Museu de
Ciències Naturals de Barcelona, encabezada por Berta Caballero. El estudio,
desarrollado durante tres años y basado en múltiples taxones de invertebrados,
mostró cómo la estructura y la diversidad genética responden al grado de
dependencia de las especies respecto a los hábitats del subsuelo, contrastando
especies generalistas con especialistas adaptadas a los ecosistemas
subterráneos.
A continuación, se celebró la sesión «Evolución», en la
que Meredith Protas y otros investigadores presentaron diversos trabajos sobre
dos de las especies más utilizadas como modelos para estudiar la evolución de
los caracteres adaptativos a la vida en la oscuridad: el crustáceo Asellus aquaticus
y el pez Astyanax mexicanus.
En un encuentro bioespeleológico no podía faltar, dada
la enorme relevancia mundial de los recursos de agua dulce subterránea, una
sección dedicada a la «Ecología de las aguas subterráneas». La sesión comenzó
con la destacada ponencia de Tiziana Di Lorenzo, quien hizo hincapié en la
importancia de la gestión de los entornos que rodean las cavidades y en el
impacto que las actividades humanas tienen sobre la calidad de las aguas
subterráneas, de las que buena parte de la población mundial se abastece para
beber o regar las tierras cultivadas.
Junto a estas intervenciones de bioespeleólogos, cabe
destacar también las contribuciones de varios miembros del equipo de
investigación liderado por David Sánchez-Fernández, de la Universidad de
Murcia. Entre ellas, las de los estudiantes de doctorado Eva M.ª Marín y Jorge
Plaza, quienes presentaron tres contribuciones sobre la tolerancia térmica de
coleópteros troglobios, con el objetivo de predecir su respuesta al cambio
climático.
La
jornada se completó con otras ocho contribuciones sobre la distribución de las
especies cavernícolas. Para finalizar, la quinta y última jornada de sesiones
reunió 12 comunicaciones orales centradas en la conservación de los espacios
subterráneos y su monitorización.
En esta
última sesión, Susana Pallarés, también investigadora de la Universidad de
Murcia, presentó, junto a un nutrido grupo de 30 autores, una iniciativa para
evaluar el estado de conservación de las cuevas de la Red Natura 2000 mediante
una evaluación independiente basada en el conocimiento de expertos. Para cerrar
la sesión, Estel Blanch y David López-Bosch, investigadores del Museu de
Ciències Naturals de Granollers, presentaron iniciativas de seguimiento a largo
plazo de murciélagos cavernícolas y sus refugios. Estos proyectos están
orientados a evaluar los efectos del cambio climático y establecer prioridades
de conservación mediante herramientas de monitorización y análisis de datos.
A continuación, tuvo lugar la asamblea de socios de la sociedad internacional organizadora y la conmemoración de dos figuras muy destacadas de la biología subterránea, que asistieron personalmente al evento: el profesor Dr. William R. Jeffery, de la Universidad de Maryland, y el Dr. Thomas M. Iliffe, profesor emérito de la Universidad de Texas.
William
R. Jeffery es una figura fundamental de la biología evolutiva del desarrollo y
un referente reconocido internacionalmente. Sus investigaciones han contribuido
a convertir al pez cavernícola ciego (Astyanax mexicanus) en uno de los
principales modelos biológicos para estudiar cómo evolucionan los organismos a
nivel genético y embrionario.
A lo
largo de más de 40 años de carrera, las investigaciones del Dr. Thomas M.
Iliffe han transformado nuestra comprensión de la biodiversidad, la evolución y
la biogeografía de los crustáceos que habitan en cuevas anquihalinas, es decir,
cavidades costeras inundadas que presentan capas de agua dulce y salada.
Pero
¿cuáles son las cifras? de estos cinco días repletos de actividad, con 74
comunicaciones orales y 30 pósteres, producidos por un total de 376 autores,
aunque solo alrededor de un centenar acudió al evento de forma presencial.
Quizá
esta cifra de participación en un congreso internacional pueda resultarnos escasa,
pero conviene recordar que la bioespeleología sigue siendo una disciplina de
gran interés científico en aspectos tanto teóricos como aplicados. Los avances
presentados durante el encuentro demuestran que aún queda mucho por descubrir.
Las numerosas y variadas contribuciones presentadas reflejan el dinamismo de
una comunidad científica dedicada al estudio de unos ecosistemas esenciales
para los ciclos de nutrientes y el mantenimiento de las aguas subterráneas. Su
importancia ambiental y su extraordinaria biodiversidad merecen, sin duda, un
mayor reconocimiento en el ámbito de la conservación.
Referencias
Sendra, A & Beltrán, M.D. 2023. Ecosistemas de las cuevas y su
fauna, págs. 89‒171. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad:
Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.
Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s
Alberto Sendra – Susana Pallarés – Berta Caballero





